Oh Dios, fuerza de los mártires, que llamaste a la gloria eterna a San Pablo Miki y a sus compañeros, a través del martirio de la cruz, concédenos también a nosotros por su intercesión poder testimoniar en la vida y en el momento de la muerte la fe de nuestro bautismo.
Por Jesucristo nuestro Señor que vive y reina por los siglos de los siglos.
San Pablo Miki y Compañeros, ¡rueguen por nosotros.
Santos mártires del Japón a cuya cabeza de grupo se encontraba San Pablo Miki, acompañado de veinticinco hermanos más en la fe, vuestra jovialidad en el testimonio cristiano y vuestra alegría unida a la perseverancia en la confesión de Cristo, como único Dios y Salvador, los encaminó al patíbulo.
No los amedrentaron ni la persecución ni la muerte.
Con gozo os entregasteis a ser clavados en la cruz después de ser fuertemente apaleados, y vuestras voces se fueron apagando sin dejar de cantar alabanzas.
Ayudadnos desde el cielo a no quejarnos tanto por nimiedades y dadnos vuestro coraje y alegría por si nos llegara el momento de morir por Cristo.
San Pablo Miki y compañeros mártires del Japón, rogad por nosotros.
Amén.
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